EN MEMORIA A FREDY GAMBETTA, EL CRONISTA QUE AMÓ A TACNA
En vida, recibiste las
distinciones que merecías y participabas activamente en los eventos culturales
que reunían a aquellos que también te consideraban un referente en la cultura
local. Pero más allá de eso, fuiste —y seguirás siendo— la voz que no se rindió
ante el olvido, el guardián de la memoria que entendió que una ciudad no se
construye solo a base de cemento, sino con palabras que la nombren, la
defiendan y la eternicen.
Fuiste cronista no por oficio,
sino por destino. Desde aquella primera columna en La Voz de Tacna, hasta ese
“Rumor del Caplina” que semana a semana se volvió ritual, le diste a tu tierra
una forma de mirarse a sí misma.
Hoy, el silencio intenta
ocupar tu lugar, pero son tus libros, tus poemas y tus crónicas los que se
levantan como testimonio de una vida profundamente comprometida con su ciudad.
Recibiste honores en vida, sí: medallas, reconocimientos y distinciones que
daban cuenta de tu grandeza. Pero hay un honor mayor, uno que no se entrega en
ceremonias: el de haber sido necesario. Tacna te necesitó para contarse, para
entenderse y para recordar quién es. Y tú estuviste allí, siempre, con las
palabras precisas y una memoria intacta.
Te despide la ciudad a la que
amaste más que a tu propia vida, la misma que te confió sus símbolos, su
historia y sus gestas; la misma que te eligió para recibir a sus grandes hijos
y para custodiar su legado.
Y mientras el tiempo avance
—porque lo hará, inevitablemente— tu figura no se desvanecerá. Al contrario,
crecerá. Se volverá referencia, ejemplo y raíz. Porque hay hombres que
permanecen y superan la muerte. Y tú, Fredy, eres uno de ellos.
Descansa en paz porque supiste
amar a tu tierra sin medida. Vuelve ahora a tu Tacna, fúndete con ella en un
encuentro definitivo y profundo. Que la tierra que te vio nacer te abrace para
siempre, y que en ese abrazo eterno te conviertas, para siempre, en parte de
ella.